¿Los grandes oradores nacen o se hacen?

Muchas personas tienen la idea de que hablar en público es una habilidad con que  se nace y que es muy difícil de cambiar. Me dicen que no se atreven, que les da vergüenza, que no nacieron para esto y que nunca lo van a lograr.
Basta de excusas. Hablar en público es una herramienta que todos pueden aprender, con mucha práctica y conociendo los principales trucos para hacerlo. No dejes pasar más oportunidades en tu vida personal y profesional por el temor a hablar en público. Empieza ahora mismo con estos consejos.

Todos pueden hacerlo:
Decía el famoso escritor Mark Twain que existen dos tipos de oradores: los que se ponen nerviosos y los que mienten. Con esto quiero explicarte que todos sentimos nerviosismo, pero la clave es saber gestionar este miedo y que no se transforme en un impedimento para hacerlo. La mayoría de los grandes oradores no nacieron con este don, pero trabajan duro para encontrar la mejor versión de ellos mismos para comunicarse con los demás.

Práctica y más práctica:
El miedo se gestiona con la práctica. Y mientras más aprovechas las oportunidades para hablar en público, te sentirás más tranquilo y lo harás mejor. Puede ser desde un simple discurso en un cumpleaños, en un matrimonio o en la oficina, no te escondas, ya que solo practicando y atreviéndote te sentirás más seguro y te saldrá natural. Los grandes comunicadores no nacieron de la noche a la mañana y detrás de cada uno de ellos hay horas y horas de entrenamiento.

Sé tu mejor versión:
La primera vez que hablé frente a una cámara, solo pensé que tenía que hacerlo como yo era en la vida real. Por supuesto que tenía miedo y estaba muy nerviosa, pero me dije una cosa: no voy a tratar de imitar a nadie sino simplemente seré yo. Y ese ha sido el mejor consejo que te puedo dar: no imites a nadie, no quieras ser alguien que no eres tú. ¿Qué algunos nacen con más carisma o más personalidad? Es verdad, pero eso no quita que tú no puedas hacerlo. Piensa en tus fortalezas, cultívalas, enfócate en tus puntos fuertes, y verás como poco a poco te irás relajando y confiando en tus propios recursos.

Cree en lo que dices:
Este es el punto más importante. Cuando crees en lo qué dices, cuando el tema te apasiona, cuándo te has preparado y si hablas con convicción, aparecerá el gran orador que llevas dentro. Incluso el público hasta te perdonará cualquier error porque te verá tan entusiasmado que empatizará con tu discurso. Así que ya sabes, relájate, práctica, cree en ti y sigamos aprendiendo.

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